
La nutrición integrativa tiene en cuenta la estrecha relación entre dieta, emociones y entorno, y ofrece pautas para introducir los cambios necesarios.
Cuando se quiere modificar algo en la vida —ya sea la alimentación u otros asuntos como encontrar tiempo para uno mismo, comenzar a hacer deporte o incluso cambiar asuntos laborales o sociales— parece que se tienen que alinear todos los astros para que uno sea capaz de dar el paso.
Los cambios son difíciles y por eso a menudo esperamos a que la vida lo ponga fácil, y si no, somos capaces de aguantar mucho tiempo manteniendo una actitud conformista. Pero en ocasiones, la necesidad de cambio, la convicción y el compromiso con lo que se quiere es tan fuerte como para luchar y conseguirlo.
Esta exposición de fortaleza es muy bonita, pero no es precisamente fácil…
El 81% de los españoles fracasa al hacer una dieta, según una encuesta realizada por la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO). En ella se destaca también que uno de los principales motivos por los que estas personas hacen dieta es equilibrar su estado emocional; exactamente un 78,8% de los encuestados.
¿Es posible que el estado anímico esté relacionado con el fracaso al modificar los hábitos alimentarios? ¿Qué otros factores influyen?
Compromiso personal y nutrición integrativa
Cambiar la manera de comer no resulta sencillo. El patrón de alimentación que seguimos está completamente condicionado por el entorno, la familia, las relaciones, la cultura, el ritmo de vida y algo mucho más complejo, el equilibrio emocional de cada uno.
Ponerse “a dieta” implica luchar contra estos condicionantes, por ello es común que se enfoque como un cambio a corto plazo y sin el compromiso suficiente como para trabajar a fondo todos estos aspectos.
La nutrición integrativa busca encontrar el patrón de alimentación ideal para cada persona teniendo en cuenta todos los aspectos posibles: físicos, psíquicos, emocionales, de estilo de vida y del entorno. El margen de actuación es tan amplio como lo requiera cada uno y es el propio implicado el que marca los tiempos en el proceso.
Una de las claves para evitar el fracaso es que la persona tenga claro que se trata de “un proceso”, un camino con obstáculos y dificultades con el que hay que comprometerse.
Las 3 claves de una buena dieta
La nutrición integrativa propone una dieta antiinflamatoriasostenida en tres pilares:
- Natural: libre de aditivos y de sustancias sintéticas. Las materias primas que se utilizan en la comida serán frescas y preferiblemente ecológicas.
- Reguladora: la pauta de alimentos debe adaptarse a los ritmos biológicos de cada uno. Cada hora del día precisa de la ingesta de unos nutrientes determinados y organizar la dieta de esta manera, teniendo en cuenta las necesidades concretas, favorece un estado de salud óptimo.
- Nutritiva: por el hecho de no consumir grasas o harinas refinadas no se tiene una alimentación correcta. Hay que analizar qué se está comiendo realmente para saber si la nutrición es la adecuada.
La nutrición del futuro
Para entender la necesidad de este nuevo concepto de abordaje nutricional, es preciso entender el contexto en el que se mueve la sociedad actual. Hoy es realmente complicado llevar un estilo de vida equilibrado, intuitivo y sanador si no se hace un trabajo personal adecuado, orientado a comprender e interiorizar qué es lo que realmente necesitamos y cómo nos afecta el entorno.
En la actualidad se sabe mucho más de nutrición que hace 50 años, se trata de una ciencia que evoluciona vertiginosamente y nos sorprende cada día. Los estudios actuales llegan con nuevas conclusiones que nada tienen que ver con lo que se recomendaba en los años 90.
Por otro lado, la globalización y la diversidad de culturas que conviven en un mismo entorno ha hecho que se conozcan un abanico de posibilidades alimenticias mucho más amplio que nunca. Por ello hay que estar mejor informados y orientados que hace solo unos años.
Por otra parte, la sociedad también ha cambiado en muchos aspectos que inciden sobre la manera en que nos alimentamos.
El ritmo de vida es frenético, las nuevas tecnologías bombardean con información a cada minuto, la mentalidad de una madre trabajadora es pragmática y tiene la necesidad de soluciones rápidas y sencillas, hay más contaminación, los supermercados ofrecen alimentos de hasta quinta generación, y un largo etcétera que podría enumerar para describir cómo ha cambiado nuestro mundo.
La nutrición integrativa orienta a la persona en esta nueva realidad para ser capaz de tener el control de su propia alimentación en un mundo que lo pone complicado. El trabajo de autoconocimiento y aprender a comer son las bases para vivir con un estilo integrativo.
Alternativas más sanas
Es algo sabido desde hace tiempo que el estado anímico influye en la manera de comer. Todos hemos experimentado alguna vez ese nudo en el estómago cuando nos han dado una mala noticia o esa sensación de apetito incontrolable cuando hemos de enfrentarnos a una situación estresante.
Como dijo un gran humorista: “La vida es tan amarga que abre a diario las ganas de comer”.
Hallar nuevas fuentes de placer sirve para equilibrar el estado de ánimo y para que la comida no sea la manera más sencilla de obtener satisfacciones.
El dulce es el sabor que mejor compensa este “amargor”, y no es casualidad que precisamente los alimentos ricos en azúcar y harinas refinadas eleven los niveles de serotonina, la llamada hormona del bienestar y del placer.
La comida produce satisfacción. Se come para compensar emociones desagradables porque se trata de un estímulo rápido, fácil de obtener y que depende de uno mismo. No necesitamos a nadie más para satisfacer la necesidad que sentimos de refuerzos positivos.
Para llegar a controlar el apetito emocional lo primero que hay que hacer es buscar otras satisfacciones. Privarse del bombón y no tener otra alternativa no funcionará: el cerebro seguirá pidiendo una ayuda para controlar el estado anímico.
Herramientas como la meditación, el deporte o la búsqueda de nuevas aficiones son fundamentales para conseguir un cambio definitivo en la relación que se tiene con la comida.
En este nuevo modelo de terapéutica nutricional, la metodología del coaching (orientada al aprendizaje y autoconocimiento para cumplir objetivos con el máximo rendimiento) ayuda a conseguir un cambio que perdure en la vida.
Comer más sano en 4 pasos para conseguir un cambio definitivo
Al hacer más consciente el acto de comer puedes elegir los alimentos que se adaptan mejor a tu fisiología y a cada momento que vives.
El proceso de autoconocimiento que se desarrolla con la nutrición integrativa se estructura en cuatro fases fundamentales.
1. Marcarse objetivos
Son imprescindibles para hallar la motivación y ponerse manos a la obra. La nutrición integrativa busca objetivos de salud y bienestar porque resulta más motivador que la estética y tiene más peso sobre las decisiones a largo plazo.
Con objetivos concretos y tangibles se consigue una actitud proactiva y se visualiza un futuro. Siempre hay que buscar el “para que” hacer los cambios y así darles un mayor sentido. Los ejercicios de visualización son muy esclarecedores en esta fase.
2. Conocer el momento físico, mental y emocional actual
La alimentación no solo debe adaptarse a la fisiología, también al momento que vivimos.
Cada persona con sus circunstancias necesita un tipo de alimentación determinado y hay que reflexionar sobre ello: ¿cómo estoy comiendo?, ¿cuáles son mis horarios, mis alimentos preferidos, qué rutinas sigo?, ¿qué hace que coma así?, ¿cómo influyen el trabajo, la familia, el ocio, los gustos… ?, ¿cómo me afecta lo que como?
Cuando se logra responder a estas preguntas, el acto de comer se vuelve más consciente. Un buen ejercicio es apuntar durante una semana todo lo que se come con horarios, lugares, compañías e incluso los “para qué” buscamos estas maneras de comer en cada momento.
3. Encontrar alternativas
Una vez que uno es consciente de lo que tiene que modificar, hay que buscar alternativas y herramientas que hagan que el cambio sea productivo. Retirar un alimento y no tener un sustituto más adecuado es un error, dejar de ir a cenar una hamburguesa con amigos y no buscar la alternativa lúdica adecuada, también lo es.
Por esto la nutrición integrativa da importancia a las necesidades emocionales y a la incorporación de nuevos alimentos que enriquecen la nutrición y amplían el abanico de posibilidades.
4. Comprometerse con estos cambios
El compromiso resulta más sencillo cuando se ha realizado todo el proceso anterior. Ya sé lo que me perjudica, lo que necesito para mejorar, el objetivo de cada cambio y esto ha resultado ser positivo para mi salud y bienestar.
No obstante, el compromiso es propio e intransferible, la salad depende de uno mismo y solo una actitud proactiva podrá llevarnos hacia el éxito.
La salud, el mejor objetivo
El paradigma médico actual se basa en la enfermedad y no en el mantenimiento de la salud. Apenas existe una cultura de la prevención. Lo habitual es ponerse a dieta por motivos estéticos no buscando el mantenimiento de la salud.
La buena alimentación, el control del estrés, la actividad fisica y dormir bien son factores de prevención fundamentales a los que hay que atender. Cuidando esto, la prevalencia de enfermedades crónicas disminuiría considerablemente.
La nutrición integrativa propone una dieta más natural, nutritiva y reguladora que ayuda a prevenir y mejorar enfermedades. Cada persona es capaz de tomar el control sobre su manera de comer con más conocimiento, herramientas y la motivación suficiente.
Este tipo de nutrición comulga con una dieta antiinflamatoria, que no cura enfermedades, pero ayuda a mejorar la sintomatología y los efectos colaterales de los tratamientos.
Además da importancia al efecto regulador de la dieta sobre la microbiota intestinal, cada día más estudiada por su relación con el sistema inmunitario, una de las principales bases de la salud.
Elisa Blázquez, Nutricionista de la Cínica de Medicina Integrativa
Fuente: CUERPO MENTE