
HAY FRASES QUE ENFERMAN Y FRASES QUE CURAN. AUNQUE NUNCA CURA LA PALABRA SOLA, LO HACE LA PALABRA EN EL SENO DE LA RELACIÓN TERAPÉUTICA.
La Dra. Alejandra Menassa de Lucia es una médico internista con amplia formación en el campo del psicoanálisis y la medicina psicosomátca (ha escrito varios libros sobre ello y dirigido varios cursos de formación especializada) y desde hace unos años trabaja bajo el modelo de la Medicina Integrativa en CMI-Clínica Medicina Integrativa. Es presidenta de la SESMI (Sociedad Española de Salud y Medicina Integrativa). Va a comenzar a dirigir un nuevo curso: Medicina Mente-Cuerpo, en el campo de la medicina psicosomátca en la Escuela de Salud Integrativa (ESI) y es miembro del Grupo Cero, una entidad de pensamiento y estudio en el campo del psicoanálisis. Además, es una poeta con numerosos libros publicados.
¿Se es mejor médico cuando, como usted, se tienen otros intereses o conocimientos de otros campos?
Yo creo que los humanos tenemos la posibilidad de desarrollar muchas facetas y a veces no lo hacemos, pero si trabajáramos para ello, todos podríamos. Hay un poeta en cada humano, si lo dejas salir. La faceta creativa te abre la mente, leer poesía sirve para escuchar mejor a los pacientes. Cuando le preguntaron al prestigioso médico inglés Sydenham: “Maestro, ¿qué debo leer para ser mejor médico?” Él contestó: “Lea a Shakespeare, hijo”. Creo que un médico que limita su campo de lectura exclusivamente a textos médicos, se pierde muchas cosas maravillosas del mundo.
Una de sus áreas de trabajo es el campo de las emociones y de lo psíquico. Es enormemente interesante. ¿Qué papel tiene el campo psíquico en la salud y en la enfermedad en el ser humano?
No hay nada que pase en un sujeto sin participación de su psiquismo, tampoco la enfermedad orgánica. No podemos pensar lo humano solamente como una serie de reacciones bioquímicas, esa teoría se llamó reduccionista, porque reduce la complejidad de lo humano a lo biológico. Es como hablar de libros y aludir sólo al papel y a la tinta, en lugar de al contenido. Hay un psiquismo: deseos, anhelos, odios, envidias, amor. Todo esto, según la relación que tengamos con ello, puede llegar a enfermar el cuerpo. Vivimos en frases: las frases que de pequeños nos decía nuestra mamá, las frases de algún profesor malintencionado, por ahí, los que tienen más suerte, las frases de algunos libros que han leído. Hay frases que enferman y frases que curan. Aunque nunca cura la palabra sola, lo hace la palabra en el seno de la relación terapéutica.
Si es así lo que nos cuenta, no es habitual que la medicina lo acepte y lo incorpore para evaluar al paciente de forma normalizada. Muchas veces en la orientación puramente psiquiátrica se usan sólo los fármacos. ¿Por qué ocurre esto?
Eso ocurre porque se piensa la enfermedad psíquica y la física desde ese paradigma reduccionista, si yo creo que el hombre es una máquina bioquímica, pues lo pienso todo como un desarreglo bioquímico y lo trato con química. Pero el psicoanálisis nos propone pensarnos como sujetos del lenguaje. Es otra dimensión. La medicina tuvo a principios del siglo XX un auge tremendo de nuevas técnicas: radiología, electrocardiografía, microbiología, y esto hizo que toda la atención se desviara a lo orgánico, dejando relegado lo psíquico a los filósofos, pero eso nos lleva a hacer una medicina casi mecánica, sin alma, sin tener en cuenta, por ejemplo, que un sentimiento de culpa puede mantener una enfermedad, puede hacer que, aun recibiendo un tratamiento correcto ese paciente no se cure. El efecto placebo no es otra cosa que el médico. Los médicos somos el primer placebo. La relación médico paciente es lo primero que cura. Hay un estudio australiano muy interesante que se da cuenta de eso. En el placebo, la pastilla vacía, no hay medicamentos, no hay fármacos, pero si hay principio activo, porque esa pastilla va acompañada de la sonrisa del médico, rodeada de sus palabras de aliento, etc. Eso es lo psíquico que cura…
Claro, el modelo de Medicina Integrativa no tiene este problema. ¿Cómo lo enfoca desde este modelo?
Bueno, el modelo de Medicina Integrativa no es reduccionista, no piensa al paciente como un saco de alcoholes, aldehídos, bases, ácidos, tiene en cuenta todo eso, pero además tiene en cuenta que todo eso pasa en un sujeto que sufre, ríe, llora, calla, habla, ama, desea. Pero creo que la Medicina Integrativa se acerca a lo psíquico desde muchos lugares y cuando no se tiene una teoría bien asentada de lo psíquico, como es el psicoanálisis, con más de 2000 páginas escritas de fundamentación teórica científica, a veces uno se desvía y se pone un poco esotérico. Por eso hay que ser cauteloso, hay una proliferación de terapias y gurús actualmente y no todo vale, no todo sirve. La Medicina Integrativa hace una historia clínica donde se tiene en cuenta cuándo enfermó ese paciente, en qué momento de su vida, en qué circunstancias. La enfermedad tiene íntima relación con la vida del paciente.
A veces se ve muy claro: cáncer de pulmón y tabaco; enfermó porque fumaba, se dice, pero ¿por qué fumaba si sabe que el tabaco puede matar? ¿Por qué uno hace a veces cosas autodestructivas? Esas preguntas se hace el psicoanálisis. No se detiene en: el tabaco produce cáncer de pulmón y de otras muchas localizaciones, no solo de pulmón. El psicoanálisis puede aportar mucho a la Medicina Integrativa.
Usted es internista, ha trabajado muchos años en el sistema nacional de salud en un gran hospital de Madrid, al mismo tiempo, como estudiante de medicina, se formó como psicoanalista y ahora está centrada en el campo de la Salud y de la Medicina Integrativa. Por su trayectoria y la filosofía de la salud integrativa casi podríamos decir que representa “el ejemplo de profesional ideal”. ¿Cómo se llega a ello? ¿Qué ventajas ha encontrado o ha descubierto al trabajar en este nuevo modelo de atención y cuidados?
Yo no pretendo ser el ideal de nada, pero me doy cuenta de que tengo una ventaja a la hora de atender a los pacientes, porque cuando hago una historia clínica, escucho los síntomas desde una perspectiva puramente médica, haciendo ya un diagnóstico diferencial según el paciente va hablando, digamos que lo encuadro en un cuadro clínico determinado, y a la vez escucho qué le pasa a ese paciente con esa enfermedad concreta, qué relaciones son importantes para él, en qué momento enfermó, de qué le exime esa enfermedad, para qué la usa, porque hay pacientes que con su enfermedad “someten a toda la familia”, y hay otros que no, que no usan su enfermedad… Y a la hora de tratar a los pacientes es muy útil tener en cuenta los factores psíquicos. Hay casos que son irresolubles si estos factores no se tienen en cuenta. Por eso la Medicina Integrativa es mi ideal de medicina, porque incluye todos esos factores, lo biológico, por supuesto, pero también lo psíquico. En realidad, este dualismo, esta división que hacemos de psíquico y somático, es para estudiarlo, para establecer un modelo teórico, pero no hay tal separación, todo lo que pasa en el cuerpo impacta en la mente y viceversa, hay una figura topológica que es la banda de Moebius, que nos permite entender esto, la banda de Moebius parece que tuviera dos caras, pero en realidad tiene una, el exterior se continua con el interior, sin solución de continuidad. Eso pasa con mente y cuerpo, no son una sin la otra.
El psicoanálisis a pesar de ser el “padre y la madre” de los estudios de lo psíquico, está en gran parte prejuzgado, mal estudiado y a veces mal practicado. ¿Qué característica debe ocurrir para tener y recuperar el papel que le corresponde dentro de la práctica médica?
Si, y esto pasa también entre los médicos integrativos, algunos rechazan sin conocer, o por rumores; esto no parece muy científico y me apena. Yo entiendo que el psicoanálisis genere resistencias, porque muestra verdades propias que el enfermo ha hecho todo lo posible por ocultar, por reprimir, y el psicoanálisis las saca a la luz y te dice: afronta esto, porque si no lo afrontas, te seguirá enfermando, esa es la única manera de curar. Es una molestia, una incomodidad necesaria para dejar de estar constantemente incómodo con la enfermedad.
¿Qué papel tiene hoy en día la medicina psicosomática en un tiempo histórico tan exigente con todos en el día a día? ¿Cómo ve usted, desde su experiencia y sus consultas en sus pacientes, la realidad de hoy?
Yo creo que este es el siglo del estrés, es el siglo de la angustia. Los ansiolíticos son número uno en ventas. Mucha gente estresada. Un cuadro que vemos muchísimo en las consultas son pacientes que llegan diagnosticados de trastorno de ansiedad, medicados con ansiolíticos, con mucha sintomatología digestiva, diagnosticada habitualmente de colon irritable, y también medicados. Y muy cansados, tremendamente cansados. Algunos filósofos llaman a esta sociedad la del cansancio. Esto se traduce en términos de la Medicina Integrativa en un cuadro de disbiosis, una alteración de la microbiota intestinal, con fatiga adrenal, las glándulas suprarrenales o glándulas del estrés totalmente exhaustas, agotadas, con lo que el paciente no puede manejar situaciones de tensión y cualquier imprevisto le desborda y tiene un cansancio brutal. Pero, antes de toda esta sintomatología orgánica, ¿cómo empezó todo? Lo primero fue la angustia, una personalidad hiperexigente y perfeccionista, temerosa de su salud y la de sus familiares, con una visión pesimista del futuro, insomnio, etc. Hay que tratar esa angustia, y el psicoanálisis es un magnífico instrumento para eso, porque ese fue el inicio de todo. Ahora, después de muchos años de angustia y ansiedad mantenidas, ya hay varios órganos deteriorados en su función y hay que hacer una intervención médica, pero si no tratamos la angustia, el desencadenante de todo, volveremos en poco tiempo a tener a ese paciente en la misma situación.
Van a coordinar un programa muy interesante para profesionales sobre esta especialidad. ¿Qué van a encontrar los que finalmente se apunten a este curso de especialización?
Si, este año será la primera edición del Curso de Medicina Mente cuerpo en ESI. Es como ahora se conoce a la Medicina Psicosomática. Desde el 2001 estamos impartiendo en la Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero un Seminario de Medicina Psicosomática, así que en este curso se resumirá ese saber adquirido estos 17 años. De ese Seminario, hay varios libros publicados, muchos casos revisados. Lo primero que se van a encontrar los alumnos son profesionales con muchísimos años de experiencia clínica y con mucha experiencia docente; hemos hecho un gran esfuerzo de condensación. Ahora hay todo un movimiento científico que está trabajando para amalgamar los conocimientos de la Neurociencia con los del Psicoanálisis. Se han hecho estudios con resonancia dinámica y se ha visto que hay cambios positivos en la actividad cerebral después de unos meses de terapia, además se han comparado las terapias breves con el psicoanálisis y se ha visto mayor efectividad de este último. Los trabajos de Candace Pert han abierto el campo de la psiconeuroinmunología, la influencia de las emociones en el sistema inmune y endocrino son innegables, como muestran numerosísimos ensayos.
El psicoanálisis es un instrumento magnífico para los profesionales y para los pacientes. Hemos realizado unos vídeos con casos clínicos, con sesiones, para que los alumnos vean los ejemplos más frecuentes de pacientes y cómo se trabaja en psicoanálisis. Es un curso muy logrado. Aprenderemos a reconocer cuando un caso no va bien qué factores psíquicos pueden estar actuando ahí: ¿depresión?, ¿culpa que busca castigo en la enfermedad?, ¿cuál es la ventaja que obtiene el paciente por enfermar que le hace no querer perderla y por eso no cura? Todo eso vamos a ver en el curso y mucho más.
HAY TODO UN MOVIMIENTO CIENTÍFICO QUE ESTÁ TRABAJANDO PARA AMALGAMAR LOS CONOCIMIENTOS DE LA NEUROCIENCIA CON LOS DEL PSICOANÁLISIS.
Artículo publicado en la Revista Vivo Sano nº20
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