
Partimos de la máxima de que todo lo que nos pasa es un proceso que se va produciendo en cada uno de nosotros. Tanto mantener la salud, enfermar o curarse precisan de un trabajo. Quizás nos parece más fácil pensar que estar saludable lo requiere. Aquellos que cuidan de su salud lo saben. Mantenerse sano exige seguir un determinado tipo de alimentación, realizar alguna actividad física regular, alimentar el alma con alguna actividad creativa o cultural, rodearse de gente amada, etc. De esta manera, el concepto de salud se amplía y ya no se reduce a la ausencia de enfermedad.
¿CÓMO TRABAJAMOS PARA PRODUCIR LA ENFERMEDAD?
La mayoría de las veces lo hacemos de manera inconsciente. Casi todo el mundo sabe que fumar acorta la supervivencia y se asocia a enfermedades como el cáncer de pulmón y de otros órganos, enfermedades del corazón, como el infarto de miocardio, etc. Lo mismo pasa con la obesidad; sin embargo, muchas personas siguen fumando y descuidando su alimentación: podemos decir que “trabajan para su enfermedad”.
La Medicina Integrativa busca construir una salud integral, un nuevo paradigma de medicina que pretende un abordaje global del paciente, incluyendo su cuerpo biológico, su psiquismo, incluso su situación social. Esto ha de hacerse, no sólo con instrumentos técnicos, sino con sistemas conceptuales que le permitan pensar esa realidad tan compleja que es la realidad humana, tanto en la salud —para producirla— como en la enfermedad —para comprenderla y tratarla—. Dentro de los múltiples instrumentos de los que la Medicina Integrativa se sirve, está el psicoanálisis, ya que hay muchas enfermedades que no podremos curar si no tenemos en cuenta el factor psíquico.
¿POR QUÉ SE POTENCIAN TANTO ESTAS DOS DISCIPLINAS?
Tanto el psicoanálisis como la Medicina Integrativa necesitan la implicación del paciente.
Muy poca gente quiere hacerse responsable de lo que le sucede, no queremos darnos cuenta de que en la obra de teatro de nuestra vida, nosotros somos los actores principales, elegimos los personajes y escribimos el guion. Es verdad que nadie es responsable absoluto de enfermarse de esta o aquella enfermedad, pero cuando enfermamos, sí podemos decidir si queremos trabajar o no para curarnos.
Frente al modelo paternalista de la medicina convencional, donde el paciente se presenta como un hijo dócil que debe obedecer fielmente las órdenes del médico/padre, tanto el psicoanálisis como la Medicina Integrativa requieren del paciente una colaboración activa en el tratamiento. Muchos pacientes llegan a la consulta y dicen: “¿Usted no me puede hipnotizar y curarme?”
A lo que respondemos: “Me temo que no podemos hacer nosotros todo el trabajo, sin su colaboración no será posible el tratamiento”. En Medicina Integrativa sucede algo similar: el paciente ha de cambiar sus hábitos de alimentación, su sedentarismo, etc., para poder sanar. Digamos que si estamos enfermos fue nuestra manera de vivir y nuestra personalidad las que contribuyeron a enfermarnos, y si no cambiamos de personalidad, no podremos sanarnos.
Conocemos los inconvenientes de esto: la resistencia al cambio, la manera desesperada con la que las personas se adhieren a lo conocido y rechazan lo nuevo. Pero no hay otro camino, el cambio es el camino.
CUANDO ENFERMAMOS, PODEMOS DECIDIR SI QUEREMOS TRABAJAR O NO PARA CURARNOS
La psiquiatría le promete al paciente la curación por la psicofarmacología: “tómese esto y se sentirá mejor”. Y es posible que mejore el síntoma, pero nada cambiará del conflicto que está produciendo el síntoma y, de alguna otra manera, se terminará expresando este conflicto. Narcotizar “al monstruo” no acaba con él, y aunque sea más doloroso convocarlo para vencerlo, al fin y al cabo, es lo único verdaderamente eficaz.
ESTRUCTURA BIOQUÍMICA Y FISIOLÓGICA, Y ESTRUCTURA PSÍQUICA
Nuestras células forman parte de tejidos; estos tejidos, para que la función celular sea óptima, deben mantenerse en unos niveles de pH determinados. Sólo el estómago en ambos sexos y la vagina en la mujer trabajan con un pH ácido.
El resto de las células trabajan con pH neutro-básico. Cuando el medio que rodea a las células es ácido, estas son como peces en un mar contaminado, no trabajan ni rinden igual. Desde la Medicina Integrativa, con el instrumento de la biorresonancia, podemos detectar si nuestras células están trabajando en un ambiente de acidosis, si hay inflamación tisular, si eso afecta a nuestro sistema inmune, etc.
Más allá de cuál sea la enfermedad causal (enfermedad autoinmune, cáncer, etc.) los cambios producidos a nivel tisular son similares y, modificando estas condiciones, podemos modificar el estado patológico. Se trata de darle a las células los elementos necesarios para que ellas mismas se recuperen y restablezcan su funcionamiento normal; en esto se basa someramente la Medicina Ortomolecular (instrumento del que se sirve la Medicina Integrativa). Lamentablemente, sobre todo en las enfermedades crónicas, la medicina se dedica fundamentalmente a tratar síntomas, no va a las causas bioquímicas últimas (estructura), lo que sí hace la Medicina Integrativa.
Pero con el psicoanálisis pasa algo similar: más allá de que estemos frente a un trastorno de angustia, una depresión o una enfermedad psicosomática, el tratamiento es el mismo: darle al paciente instrumentos para que resuelva sus conflictos de una manera más sana, sin necesidad de enfermar. Digamos que la enfermedad mental o la enfermedad psicosomática, acontecen en un determinado momento de la vida, pero como el vaso se rompe por donde tenía un “pelo”, los humanos “nos rompemos” por donde nuestra constitución era más frágil.
Así como la psiquiatría trata síntomas o la psicología cognitivo conductual intenta modificar conductas, el psicoanálisis va a la estructura: a reparar esa zona frágil, de tal manera que los cambios son mucho más profundos y duraderos. Es como rehacerse de nuevo. Nuestra personalidad se va constituyendo por mecanismos de identificación, pero tendemos a identificarnos al defecto más que a la virtud; así, hay muchas hijas que, habiendo criticado toda su vida a su madre, terminan repitiendo el defecto más prominente en ella. Por eso, se trata de revisar nuestras identificaciones, de producir, nuevamente, modificaciones estructurales.
Por tanto, podemos decir que ambos, tanto la Medicina Integrativa como el psicoanálisis son tratamientos etiológicos, van a la causa, a la raíz. La medicina convencional aspira a ello, pero la mayoría de las enfermedades crónicas son de causa desconocida o idiopáticas para ella, con lo cual se ve abocada a tratar síntomas y renunciar a abordar la etiología.
TANTO LA MEDICINA INTEGRATIVA COMO EL PSICOANÁLISIS VAN A LA ESTRUCTURA; UNA A LA ESTRUCTURA BIOQUÍMICA Y FISIOLÓGICA, EL OTRO A LA ESTRUCTURA PSÍQUICA
LA ESCUCHA
Una máxima de la Medicina Integrativa dice que nacimos con dos orejas y una sola boca porque esta es la proporción correcta entre escuchar y hablar: 2:1. En Medicina Integrativa se vuelve a una historia clínica clásica, con una anamnesis extensa del paciente, recogiendo datos no sólo de su enfermedad, sino también de sus hábitos, de su situación vital, profesión, relaciones familiares, etc. No es un dato irrelevante que un cáncer acontezca después de la muerte de un familiar querido y de haber padecido tras esa muerte, una depresión. O que una enfermedad autoinmune acontezca en medio de un tormentoso proceso de divorcio. Las enfermedades tienen íntima relación con la vida de aquellos en las que se producen.
En psicoanálisis la escucha del psicoanalista es un elemento fundamental: hasta tal punto que se dice que es la escucha la que funda el habla; ¿esto qué quiere decir? Que como el paciente se siente escuchado, no se siente juzgado ni condenado, al psicoanalista nada de lo que dice le molesta, ni le escandaliza, ni le asusta… El paciente se siente con la libertad de decir lo que se le ocurra, pierde el temor a expresar sus fantasías más inconfesables, sus deseos, sus temores. Y solo esto, ya lo empieza a mejorar, porque no hablar nos lleva a actuar en el cuerpo. Aquello que no podemos decir con la palabra, lo expresamos a través de la enfermedad: empezar a hablar es empezar a curarse.
LA ATENCIÓN EN EQUIPO
El psicoanálisis es exquisitamente comunitario, aunque sea un psicoanalista el que se relaciona directamente con el paciente, es toda una Escuela la que lo atiende, en el sentido de que mientras el psicoanalista esté en ejercicio, tiene su psicoanálisis personal, sus grupos de estudio y formación, la supervisión individual y grupal de los casos, de tal manera que lo que hace con el paciente nunca es un acto solitario. La Medicina Integrativa trabaja también en equipo: médicos, enfermeras, fisioterapeutas, acupuntores, homeópatas, de tal manera que aunque haya un médico responsable directo del paciente, es todo el equipo el que lo atiende.
Estas coincidencias conceptuales, entre otras que se podrían describir, entre la Medicina Integrativa y el psicoanálisis, hacen que estas dos disciplinas se complementen y potencien muy eficazmente; podemos decir que los éxitos de la Medicina Integrativa se duplican incluyendo el psicoanálisis. Por ejemplo, partamos de un caso común que vemos en nuestra clínica. Llega un paciente con un cansancio extremo, que ha sido diagnosticado de fatiga crónica. La fatiga crónica se caracteriza típicamente por un cansancio intenso que no mejora con el reposo, ya que el sueño no es reparador. En la biorresonancia hallamos algunos datos: situaciones de miedo y estrés. Nos dice también que algo anda mal en las suprarrenales, la DHEA aparece disminuida y el tono simpático aumentado, tiene disbiosis intestinal y acidosis. Desde el punto de vista del diagnóstico de biorresonancia padece una insuficiencia adrenal subclínica, que es la responsable del cansancio.
LA MEDICINA INTEGRATIVA Y EL PSICOANÁLISIS SE COMPLEMENTAN Y POTENCIAN MUY EFICAZMENTE
Empezamos a preguntarle al paciente y vemos que tiene la personalidad típica de un trastorno de angustia o ansiedad (lo que vulgarmente se conoce como estrés): ve el futuro negro, siempre que va a emprender algo cree que le saldrá mal, puede tener un cierto componente de hipocondría o temor a tener una enfermedad grave, puede haber tenido crisis de angustia (palpitaciones, sudoración, temblores, miedo a morir o a volverse loco) y una fuerte tendencia a controlarlo todo. Si lo abordamos de manera integral, debemos tratar esa insuficiencia adrenal con complementación ortomolecular, tratar la disbiosis con una dieta apropiada, pero si no tratamos la angustia, el cuadro volverá a reproducirse en un tiempo, ya que las glándulas suprarrenales son las “glándulas del estrés”, y sus hormonas se consumen cuando el paciente está en constante estado de angustia. Por eso es necesario incluir el psicoanálisis para detectar y tratar el conflicto que está generando la angustia. Este es sólo un ejemplo, la sinergia entre el psicoanálisis y la Medicina integrativa se puede observar también en enfermedades tiroideas, otras autoinmunes: LES (lupus), AR (artritis reumatoidea), vitíligo, cáncer, etc. Somos un todo, no enferma la mente por un lado y el cuerpo por el otro, enfermamos de manera global y, por tanto, el abordaje de la enfermedad debe ser multidisciplinar.
DRA. ALEJANDRA MENASSA DE LUCÍA, Médico Internista. Psicoanalista CMI-Clínica Medicina Integrativa
Artículo publicado en la Revista Vivo Sano nº12