
El diagnóstico de cáncer en una persona representa un mazazo. A pesar de los notables avances en el diagnóstico y en los tratamientos, para una persona normal el término “cáncer” es distinto al de cualquier otra patología. Eso desde el plano individual, porque desde el plano colectivo el cáncer es ya no sólo la segunda enfermedad en importancia numérica, sino que además los datos epidemiológicos no son esperanzadores, aumenta año a año. Las cifras del año pasado en España suponían que 280.000 personas eran diagnosticadas y fallecían 130.000 (datos del informe anual de SEOM, sociedad española de oncología médica). Hoy hay cerca de 800.000 personas en España que padecen cáncer y están tratándose. En los últimos cuatro años aumentó un 14%. Los riesgos de padecer cáncer a lo largo de la vida de un varón son de 1:2, y en mujeres es 1:3. Cifras muy importantes.
El cáncer representa más de 300 enfermedades diferentes, y cada una de ellas es diferente en cada persona, no por la clasificación o situación a la que la oncología tiene por costumbre definir, sino porque realmente podemos decir que el conjunto de circunstancias en una “persona con cáncer” nos obliga a matizar pronósticos y evolución de tratamientos.
Para la medicina el cáncer es todavía, en parte, una incógnita y un gran reto. Un reto humano, un reto científico. Se llevan gastados muchos millones de dólares desde la propuesta de Nixon en 1971 del National Cancer Act, que representó históricamente el pistoletazo de salida para el gran objetivo de “eliminar el cáncer”. Diferentes autores han publicado artículos críticos con el enfoque de la política de investigación que indicó esa fecha y esa acta, caso de John C. Bailar III, profesor emérito de Salud Pública de la Universidad de Chicago, que ya en 1986 publicó en New England Journal Medicine Public, un trabajo titulado: “¿Progreso contra el cáncer?”. Estos autores señalan que más bien debería haberse destinado muchos más recursos y esfuerzos no tanto a los tratamientos como a la prevención. Hoy podemos decir que el mejor tratamiento del cáncer es “no tenerlo”.
Para la Medicina Integrativa el abordaje oncológico se hace en el conjunto del paciente (tabla 1). Sus acciones son bajo evidencia y principio de precaución (la ausencia de certeza científica no debe servir de motivo para no actuar de manera que se eviten daños), pero esta situación nos obliga a extremar la prudencia. La Medicina Integrativa tiene en cuenta todos los niveles del paciente y le pide su colaboración activa y su participación. Desde este espacio la Medicina Integrativa supera las limitaciones actuales y aprovecha los valiosos recursos de la medicina científico técnica. Suma, no limita o sustituye; multiplica, no divide.
La medicina actual profundizó en sus aspectos técnicos, pero se deterioró en la relación terapéutica. Se ha llegado a señalar que los oncólogos han dejado de ser médicos para ser simplemente quimioterapeutas, y que cuando sus pacientes o los tratamientos ortodoxos oncológicos ya no avanzan se deshacen de ellos trasladándolos a cuidados paliativos o a sus médicos de familia. Pero fuera de los tratamientos quimioterapéuticos (que son esenciales) hay medicina y hay cuidados. El incremento de pacientes y el aumento de costes de estos tratamientos han levantado ya críticas vertidas sobre la industria farmacéutica y sobre determinadas indicaciones médicas (hay nuevos fármacos extremadamente caros que realmente no aportan beneficios significativos sobre los pacientes en comparación con los existentes). Las quejas de los pacientes se centran en estos aspectos y en la falta de atención tras los tratamientos.
Por fortuna nos encontramos cada vez con más frecuencia con pacientes que superan un cáncer, son los denominados “supervivientes”. No hay una política de actuación global sobre ellos más allá de las famosas revisiones periódicas en busca de una recidiva. Se calcula que ya hoy en Estados Unidos representan más de 10 millones de personas y cada año se incorpora un millón más. A estos hay que ofrecerles algo más. Ahí la Medicina Integrativa les reconduce hacia hábitos adecuados: adecuada nutrición, evitar racionalmente los tóxicos medioambientales, práctica adecuada de ejercicio físico, sueño correcto, un nuevo modelo de pensamiento propio y actuación social: tomar el mando de su vida.
APOYO PSÍQUICO AL PACIENTE Y A SUS FAMILIARES
Dentro de los programas integrativos del paciente con cáncer, la esfera emocional y psíquica es esencial. La propia oncología lo aceptó y tuvo que “introducir” unidades de psicooncología en aquellos espacios que buscaban calidad de servicios. Las relaciones clásicas (ya explicada por la escuela hipocrática) entre depresión y cáncer obliga a tratar los cuadros depresivos con terapias no farmacológicas como un aspecto preventivo del cáncer. Los estudios de Spiegel también señalaron la importancia de la psicoterapia en la mejora de la calidad de vida dentro del tratamiento del paciente ya con un tumor maligno.
Frente al diagnóstico el paciente sentirá miedo, culpa, tristeza, ansiedad… Pero ¿qué hubo antes? Las conexiones entre la inmunodepresión y los síntomas bajo grado emocional son ya una realidad científicamente probada aunque todavía algunos no los hayan estudiado. La negación del proceso, la depresión asociada, la culpa (nadie merece un cáncer, frente a la idea errónea: ¿qué habré hecho yo para merecer esto?) deben orientarse hacia aspectos positivos que busquen sanación y salud.
La Medicina Integrativa puede abordar estos problemas con terapias en grupo coordinadas por un profesional experto o con terapias individuales en pacientes que no se sientan cómodos en grupos: con un psicoanálisis individual, mejorando actitudes, tolerando la incertidumbre, reduciendo sentimientos de culpabilidad. Y sirve tanto para el paciente en tratamiento como para los supervivientes, los pacientes que hayan superado un cáncer. Estas terapias facilitan establecer alianzas de curación.
LA IMPORTANCIA DE LA NUTRICIÓN EN LA PREVENCIÓN Y EL TRATAMIENTO COMPLEMENTARIO DEL CÁNCER
El papel de la alimentación y la nutrición dentro del tratamiento oncológico sigue estando desasistido, ni siquiera está en la lista de actuaciones. Es fruto de varios acontecimientos: en primer lugar, el escaso papel en la formación médica de este campo, la escasa participación de los especialistas (los nutricionistas) en los equipos oncológicos. Es un gran tema a resolver. Para la Medicina Integrativa, especialmente en CMI-Clínica Medicina Integrativa, la nutrición es un pilar fundamental. Todos nuestros pacientes reciben un programa nutricional independientemente de su diagnóstico (no hablo de dieta al uso). Estos programas son una herramienta imprescindible. Es una de las claves para mejorar su calidad de vida y su rendimiento respecto al tratamiento. En la prevención del cáncer cada día son más los estudios que avalan que la incidencia de cáncer podría ser prevenible con medidas relacionadas con la nutrición; por ejemplo, el estudio EPIC, realizado en 10 países, estima que hasta en un 40%.
Nuestros pacientes reciben dietas antiinflamatorias, dietas cetógénicas y dieta donde los ciclos de ayuno/detoxifcación se controlan por nutricionistas especializados. En cada fase la nutrición tiene su papel (Tabla 4).
¿POR QUÉ USAR UN MODELO DE MEDICINA INTEGRATIVA EN EL TRATAMIENTO ONCOLÓGICO?
Muchos pacientes y familiares se preguntarán qué gana o qué puede aportarles un tratamiento integrativo. Las personas que llegan a CMI-Clínica Medicina Integrativa buscando este modelo pertenecen a cuatro grupos: en primer lugar, los que desean anticiparse al cáncer. Nadie piensa en un cáncer. Es lo normal. No se vive bajo ese pensamiento por eso cuando llega es un hecho devastador, inesperado. ¿Por qué a mí? Sólo un escaso porcentaje de los tumores malignos son de origen hereditario, menos de un 7%, según diferentes estadísticas, lo que implica que es nuestro vivir el que lleva a una agresión permanente y constante a nuestras células.
Se sabe que los tumores se llevan bien con los procesos inflamatorios de base, con factores que llevan a la situación de un espacio intercelular alterado, intoxicado, creando un ambiente inadecuado, que se lleva bien con la presencia de radicales libres en exceso, con fenómenos de prooxidación que son similares a los factores que nos envejecen: dormir mal, comer inadecuadamente, tener una vida llena de estrés mal gestionado, malas relaciones sociales, exposición inadecuada a tóxicos de forma reiterada (no solo el hecho de fumar ya conocido, sino los nuevos avances en el conocimiento de metales pesados, que podemos compensar con un sistema inmune estable, un hígado que detoxifica adecuadamente, que nos limpia, un sistema base de defensa de la microbiota), el papel de los virus, sedentarismo, no moverse, ganar peso y ganar masa grasa es la lista de los malos actos, de los que a veces hay varios y multiplican su acciones.
Detectarlos y poner en marcha cambios, tomar el control de la vida es ya un elemento esencial para prevenir la enfermedad cancerosa. No significa evitarla al cien por cien; nadie asegura nada, pero si es poner las condiciones difíciles para que las células no se desestabilicen. Prevenir es la mejor manera de tratar el cáncer. Poca gente lo entiende. Poca gente lo hace. Poca gente se toma el tiempo y el momento para cuidarse. La mayoría nos dejamos llevar. No es buena idea dejarse “llevar”.
Un segundo grupo es el paciente que ha superado un tumor. Cada vez más existe este grupo de población que la oncología logra salvar. Se define al paciente que ha superado el cáncer sin recidivas en cinco años. Se sabe que la incidencia y probabilidad de adquirir otro tumor dentro de este tiempo es mayor en los pacientes que han superado un cáncer. Desafortunadamente la oncología sólo hace una cosa: realiza controles periódicos buscando la recidiva precoz. No hay programas específicos para los supervivientes, no se les informa, no se les da pautas. —¿Qué hago ahora, doctora? —Nada especial, viva. No hay más. Representan unos 10 millones en Estados Unidos y cada año uno más. La Medicina Integrativa tiene recursos al igual que en la fase de prevención: dietas antiinflamatorias, dietas cetógenicas, ciclos de ayuno intermitente, control de masa grasa, estimulo del sistema inmune con productos naturales, control de la microbiota y evitar la disbiosis, potencia las vías de detoxificación hepática favoreciendo la “limpieza” de toxicidad del espacio intersticial, del tercer espacio, o espacio de Pischinger. Trata de equilibrar el sistema cerebro/adrenal, reduciendo niveles excesivos de cortisol, mejorando el sueño normalizado, enseñando técnicas de sanación como meditación, yoga, coherencia cardiaca, planteando un programa de ejercicio físico adaptado, regulando las alteraciones micronutricionales: ¿Cómo está su nivel de vitamina D? ¿Cómo está su nivel de homocisteína? ¿Cómo está la relación ácido araquidónico/EPA?, etc., es el enfoque de una medicina muy funcional y bioquímica donde los sistemas orgánicos se relacionan entre sí y buscan su equilibrio.
Un tercer grupo: los que tras el diagnóstico reciben tratamiento ortodoxo de quimioterapia, radioterapia, inmunoterapia. Buscamos los elementos sutiles que hayan podido inducir un cambio celular: buscamos si la presencia de tóxicos medioambientales se relacionan, si los virus Epstein Barr están incidiendo, si hay factores “ocultos” que han participado y siguen participando en la lesión celular. Si se encuentran, tratamos de anularlos con terapias de apoyo al hígado. Apoyar al sistema gastrointestinal y el equilibrio enterohepático mejoran la aceptación del tratamiento, se reducen los efectos secundarios, equilibrando la microbiota, reforzando el sistema inmune, que es el que fnalmente lucha contra el tumor. Hay numerosos instrumentos, todos validados en trabajos científicos, que apoyan al tratamiento oncológico estándar: nutrición, microinmunoterapia, suplementación nutricional probióticos, altas dosis vía parenteral de vitamina C, ozonoterapia, técnicas de meditación, masajes, acupuntura, grupos de apoyo…
Cuando se utilizan los dos brazos: el conocimiento de la medicina alopática y el trabajo correcto de la medicina complementaria, bajo principios de seguridad y rigor, y de forma coordinada, mejora la calidad de vida y la posibilidad de resultados positivos. La propia oncología se da cuenta de la necesidad de reorientarse. Lo está haciendo por demanda de los pacientes y por sus resultados. Es la mezcla de ciencia y arte. El paciente colabora, se reduce su ansiedad y su temor, su inquietud e incertidumbre. Y se genera esperanza, no falsa, no esperanza falseada. La esperanza que se necesita para abordar situaciones difíciles de la vida.
Autor: Dr. José F. Tinao, Director Médico de la CMI-Clínica Medicina Integrativa
Artículo publicado en la Revista Vivo Sano nº22